El estres es la respuesta automática y natural de nuestro
cuerpo ante las situaciones que nos resultan amenazadoras o desafiantes.
Nuestra vida y nuestro entorno, en constante cambio, nos exigen continuas
adaptaciones; por tanto, cierta cantidad de estres (activación) es necesaria.
En general tendemos a creer que el estres es consecuencia de circunstancias
externas a nosotros, cuando en realidad entendemos que es un proceso de
interacción entre los eventos del entorno y nuestras respuestas cognitivas, emocionales
y físicas. Cuando la respuesta de estres se prolonga o intensifica en el
tiempo, nuestra salud, nuestro desempeño académico o profesional, e incluso
nuestras relaciones personales o de pareja se pueden ver afectadas. La mejor
manera de prevenir y hacer frente al estrés es reconocer cuándo aumentan
nuestros niveles de tensión y ante qué estímulos o situaciones.
El estres o "stress", es toda demanda física o
psicológica que se le haga al organismo.
Muchos estudios han considerado la relación entre el
estres de trabajo o estres profesional y una variedad de enfermedades.
Alteraciones de humor y de sueño, estómago revuelto, dolor de cabeza y
relaciones alteradas con familia y amigos son síntomas de problemas
relacionados con el estrés que se ven comúnmente reflejados en estas
investigaciones. Estas señales precoces del estrés de trabajo son fácilmente
reconocibles. Pero los efectos del estres profesional en las enfermedades
crónicas son más difíciles de diagnosticar, ya que estas enfermedades requieren
un largo período de desarrollo y se pueden ver influidas por muchos factores
aparte del estres.
Sin embargo, gran número de evidencias sugieren que el
estres tiene un papel preponderante en varios tipos de problemas crónicos de
salud, particularmente en enfermedades cardiovasculares, afecciones
musculoesqueléticas, y afecciones psicológicas.
El efecto continuado de la adrenalina sobre el aparato
cardiocirculatorio sobrecarga la función generando un endurecimiento paulatino
de las arterias, con un consiguiente aumento de la presión arterial.
Esto dificulta la función cardíaca que se ve aún más
obligada, y se cierra el círculo vicioso.
Pero no es sólo a nivel cardiocirculatorio que se
manifiesta el mal. Psicológicamente los efectos del exceso de adrenérgico
producen irritabilidad progresiva llegando a la cólera.
Sufrir estrés por tiempo prolongado o de forma intensa
debilita el sistema inmunológico, el corazón, daña las celulas de la memoria en
el cerebro y produce acumulación de grasa en las arterias.
Lo interesante es tener en cuenta que los genes
heredados, el tipo de niñez vivida, los alimentos que se incorporan a la dieta
diaria, el nivel de ejercicio físico realizado, los patrones de sueño, el nivel
social y el tipo de relaciones afectivas ejercen influencia en los niveles de
estrés de cada persona.

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